El mundo desencantado

El ser humano está sumido en un cambio excepcional que nos ha hecho replantearnos nuestra forma de vivir, nuestros modos de supervivencia y ha hecho notoria la vulnerabilidad a la cual nos ha sometido el exceso de prótesis que nos ha puesto la modernidad, encerrados en una burbuja de artefactos que suplen necesidades y disminuyen capacidades.

En este momento es este sistema el que nos mantiene en casa ocupados, visitando redes, tomando cursos para no perder el tiempo, en esta sociedad acelerada perder el tiempo es un delito que se castiga con el reproche.  En estos momentos el panorama no se ve tan dramático, aún hay internet, música, luz y alimentos. Cuando las prótesis flaqueen, cuando los aparatos se dañen y no haya mano que los repare, cuando la red caiga por completo, cuando los bombillos no vuelvan más a brillar, en ese momento en la oscuridad de la razón entrará en juego la animalidad del ser, en el fondo del estanque sin prótesis que sopesen la inutilidad uno a uno caerá.  Decía el gran escritor Ernesto Sábato, que el exceso de raciocinio era igual a la irracionalidad absoluta, llegamos a un punto donde creímos tener todo el control, pero fue justo ahí donde lo perdimos todo. La primitividad aflora en estos estados límites, nos codearemos con los animales que solíamos ver como inferiores.

Pero el panorama apocalíptico no gira para ese lado, quizá porque las tecnologías, estas prótesis están reforzadas para evitar que caigamos en esta gran tragedia, para guiarnos a otra, conectados día a día 24 horas diarias dando información, evidenciando su posición y que se está haciendo, todo sin que nadie te lo pida es la forma moderna del panóptico, por el cual la gran maquinaria estatal está segura de que no tendrás inconvenientes, de que estas cumpliendo con tu deber, adaptan la forma de hacer el trabajo, el estudio, las compras y ventas, porque el capitalismo feroz no está en posición de perder. En un mar de información no hay tiempo para aburrirse. Allí empieza a operar un arma de doble filo, el exceso de información y sobreestimulación solo nos lleva a evidenciar un mundo desencantado, donde cada vez perdemos la capacidad de apreciación frente a las situaciones, a los asomos de la vida, todo se vuelve inferior sin valor alguno, el deseo escasea y esta falta de movilización termina por desembocar en un nihilismo absoluto. En el peor de los escenarios esto podría ser superado por un fuerte deseo de auto aniquilación o actos de este tipo. 

En una de las novelas de Saramago “ensayo sobre la ceguera” en un pasaje nos habla de una mujer que ha sido presa de la pandemia de la ceguera blanca, para sobrevivir ha empezado a comerse sus gallinas crudas, las personas en este relato se ven extremadas a realizar actos que no serian concebidos propios de una persona, con esto  nos deberíamos replantear desde cuando hemos abandonado esta posición  y si solo la pandemia resulta ser una excusa para suavizar los actos de horror a los que hemos llegado. 

Horrores que han sido forjados por el aceleracionismo, un capitalismo que no parece acabar sino por el contrario se expande, la perdida de conciencia frente al otro y sus situaciones, y la falta de empatía ante una naturaleza arrasadora es solo el verdadero horror al que hemos llegado, la pandemia solo un manto que cubre lo real, esto real imposible de soportar.